Botella que no has de tirar, úsala para edificar

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A su inquebrantable fe ella le sumó largas jornadas de trabajo. Como una alternativa económica y ecológica, Susana levantó las paredes de su casa con botellas de vidrio. De Tres Arroyos para el mundo, una historia y ejemplo de vida. Cuando se cree, uno quiere. Cuando se quiere, uno puede.

“Yo empecé juntando. Salía todas las tardes, con una bolsa o una mochila, caminando. Luego alguien me regaló una bicileta. Cuando la gente empezó a enterarse, cuando fue más público, me llamaban y me decían que me las guardaban y, en algunas ocasiones, teníamos que emplear un vehículo” relata con simpleza Susana Ituarte.

Además del valor gratuito de lo descartable y lo no contaminante del vidrio, otro valor noble de las botellas son sus características térmicas. Funcionan como eco-ladrillos, además de estar reutilizando la residuos, la estructura construida se vuelve muy resistente . Como las botellas de vidrio no permiten que pase la humedad, el ambiente es seco y más tolerable para aquellas personas con problemas de salud.

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“En invierno no es fría. No sé cuál será la propiedad que tienen las botellas pero no dejan que el calor se vaya. En verano no es calurosa. Vos entrás acá y es un ambiente normal” explica Pablo Ilzarve, hijo de Susana.

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Sólo en el piso de la casa hay 2.000 botellas enterradas y prensadas con escombros finos,en las paredes además de miles de botellas, mamparas antiguas, parabrisas y ventanillas de cúpulas de camionetas hacen las veces de ventanas.Su techo esta construido de chapas acanaladas recicladas, compuestas  de polietileno de baja densidad, aluminio y celulosa provenientes de envases multilaminados de leche, jugos y vinos. Son mas livianas que las chapas convencionales, se pueden pintar y son impermeables, irrompibles, termoacústicas (aislan del ruido y de la temperatura exterior) y resistentes a la humedad y al congelamiento. Debajo de estas el cielorraso está hecho con un silobolsa que una persona que trabaja en el campo le donó.  Además Susana comenzó a delimitar el terreno con botellas de plástico.

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Un poco, por necesidad; otro poco, por trabajo, Susana se fue y volvió a Tres Arroyos en varias oportunidades de la vida. Como Pedro que erigió la Iglesia donde Jesús le indicó, ella decidió construir su casa en su terruño. “Yo estoy donde Dios quiera que este. Éste es mi lugar y aquí voy a estar” concluye Susana.

Del movimiento hizo un arte y de la danza una profesión, pero a la par ostentaba otro sueño: aportar un granito de arena para hacer de este planeta un lugar más sustentable. Se recibió de abogada y actualmente se especializa en medio ambiente . Los buenos libros, el baile, la fotografía y el descubrir nuevos rincones en su camino forman parte de sus pasatiempos preferidos.

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