Minuciosidad y dedicación para los más bellos detalles

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Por trillado que pueda sonar, muchos aseveran que en los pequeños detalles están los grandes placeres de la vida. Gran parte de esa afirmación encierra el arte de la marquetería: un oficio que vino del Viejo Mundo hace tiempo y ha ido embelleciendo muebles y ambientes de distintas casas y lugares públicos.

“Mi abuelo paterno, el barcelonés, trajo el oficio de la marquetería, que es una artesanía que se hace con madera en láminas, en 1919. Nací y crecí en el viejo taller de madera del abuelo, al fondo de una casa chorizo. En este mismo lugar, edificamos la casa y acá pasamos la mayor parte del día” abunda Susana Bruguera.

La práctica hace al maestro, dicen, y una prueba fehaciente de ello es María Celia. Conoció al arte de la marquetería de la mano de su esposo y desde entonces maneja la caladora como pocas personas.

“Hace 50 años que corto: ya me familiaricé bastante. Las figuras de personajes que tengan detalles muy pequeñitos son muy difíciles, hay que poner mucha atención y no apurarse. Es uno el que le da la velocidad a la pieza, no la máquina” explica María Celia Mata de Bruguera, viuda del dueño del taller que originó esta empresa familiar ubicada en Villa Crespo.

La clientela, dinámica y heterogénea, se construyó con el boca a boca, casi artesanalmente. En un primer momento trabajaban con grandes mueblerías y hoy los contactan talleres de restauración, anticuarios y distintas personas. Los que hacen la marquetería no tratan con el destinatario del trabajo sino con quien hace la ebanistería. En esa red de contactos es donde surgen nuevos clientes que, con el tiempo, devienen en amistades. Entre los trabajos más salientes se destacan los escudos de las provincias en la Casa de Gobierno y los paneles que recubren toda la Confitería Las Violetas.

 “Principalmente lo que hay que tener es mucha paciencia. Siempre hay un técnica base que uno sigue pero después uno tiene que tener un poquito de vuelo para pensar qué es lo más adecuado dentro del estilo, para la pieza, qué puede cerrar mejor a lo que uno quiere” cuenta Rafael Bruguera, el único hombre de esta empresa que se encarga del ensamblado final de las piezas.

Cuando un trabajo gusta, no pesa. Cuando un oficio se hace durante mucho tiempo, la actividad forja lazos indisolubles con la persona y se hace imposible separar una de la otra. “Yo voy a seguir mientras que la mano no me tiemble porque es algo que a uno lo apasiona” concluye María Celia.

Desde temprana edad sintió una necesidad de comunicar . Llego al periodismo tras un breve paso por el traductorado público. Hizo sus primeras armas en programas de entretenimiento, experiencia que luego le sirvió para trabajar en la producción de noticias. Ama la música desde chico, llegó a ser DJ en una adolescencia tardía. Golf, pesca y catar buenos vinos ocupan el podio de una larga lista de hobbies.

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