Golf desde chicos, valores para toda la vida

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Un stance equilibrado, un grip adecuado y el armado del swing sientan las bases para un juego donde todo es concentración, flexibilidad, precisión y ritmo. Los motivos por los cuales los chicos se acercan al golf son variados. Algunos lo descubrieron por un set de juguete; otros mirando algún torneo por televisión; hay quienes lo jugaron frente a un videojuego o, simplemente, porque algún familiar o conocido lleva varios años entre driving ranges y salidas a las canchas.

Lo que se aprende en la niñez se asimila de manera rápida y eficaz. El golf, también.

 «Empezamos siempre de menor a mayor. Lo primero es armar el movimiento. Grip, postura, etc. Al principio es todo técnica» explica Daniel Ocampo, director de la Escuela de Menores del Campo de Golf de la Ciudad de Buenos Aires, que entre sábados y domingos recibe a más de 150 alumnos.

Este espacio brinda clases gratuitas a todos los chicos de entre 6 a 15 años que quieran aprender a jugar. Eliminadas las barreras económicas, alumnos de contextos y realidades diferentes se interrelacionan, generan vínculos y se distraen. Además de aprender golf desde chicos, los alumnos incorporan valores como ética, compañerismo, solidaridad y respeto. Valores que los acompañarán a lo largo de la vida.

Aprender un deporte, como cualquier otra actividad es mucho más fácil si el entorno del chico está presente y comparte sus avances. Los más pequeños valoran la compañía de sus familiares y, en algunos casos, los papás se animan a empezar de cero en esta apasionante disciplina.

«Desde que tiene tres años nos decía que quería jugar al golf. No sabemos de dónde lo sacó. A los seis planteó ‘ya llegué a primer grado, ahora puedo jugar al golf’. Tuvimos que buscar un lugar, conseguimos un profesor hasta que después de nos contaron de la escuela» relata Fernando, papá de Joaquín.

‘Persevera y triunfarás’ así dice el refrán. Desde el drive hasta el putter, pasando por los híbridos, hierros y wedges, cada golpe encierra su secreto. Secreto que puede ser develado con facilidad si uno empieza a tomar clases a una edad temprana. Si uno conoce su juego y confía en que logrará el golpe que imagina, las cosas tienden a ser más sencillas.

«Cuando estoy cerca del green puedo pegarle despacio y quizás llega o quizás no. Sino, vuelvo a intentar» afirma sabiamente Mauricio.

Además de las clases que se dictan los fines de semana, la Escuela de Menores participa de torneos interclubes. En estas competencias los chicos conocen distintas canchas, aprenden lo que es la competencia sana y, al final de los 18 hoyos, comparte la ceremonia de premiación.

Con miles de yardas recorridas a lo largo de los años, con mucho sacrificio y mucha más pasión aún, la escuela del Campo de Golf de la Ciudad tiene abiertas sus puertas. Los profesores proveen de los palos y pelotas necesarios para la práctica de este deporte. Las condiciones están dadas. Sólo hacen falta dos cosas: ganas y la mayor cantidad de luz natural.

«Al principio, una hora por semana es suficiente para que los chicos vean si les gusta. Una vez que se enganchan son ellos mismos los que piden más y más tiempo de clase» destaca sin ocultar su emoción José Luis Prado, uno de los profes.

Desde temprana edad sentí la necesidad de comunicar. Llegué al Periodismo luego de un breve paso por el Traductorado Público. Comencé trabajando en programas de entretenimiento, para luego dedicarme a la producción de noticias y a la redeacción web. Amo la música, fui DJ. Golf, pesca y catar buenos vinos ocupan mi podio de una larga lista de hobbies.

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